La devoción, en general, es un acto de la virtud de la religión. Se trata, junto con la oración, de uno de los actos interiores de esta virtud. La devoción es un acto de la voluntad por el que el hombre se ofrece a Dios, se entrega prontamente a su servicio.

Santo Tomás de Aquino explica que la devoción que se tiene a los santos no termina en ellos, sino que en última instancia se dirige a Dios, en cuanto que en sus santos veneramos en realidad a Dios que los ha llenado de gracia y santidad. La devoción a Dios, a la Virgen, a los santos se manifiesta a través de actos devocionales; por eso suele distinguirse entre devoción y devociones.

El culto y la devoción a la Virgen es muy antiguo en la Iglesia. Surge de la realidad de su maternidad divina y del papel que Cristo le reservó en la economía salvífica. La Virgen es Madre de Dios y Madre nuestra. En este sentido el culto mariano, ha tenido siempre una clara connotación cristológica.

El Concilio Vaticano II, en el capítulo VIII de la Constitución dogmática Lumen Gentium (nn. 66-67) [4], habla del culto a la Santísima Virgen en la Iglesia. Explica que “María, ensalzada, por gracia de Dios, después de su Hijo, por encima de todos los ángeles y de todos los hombres, por ser Madre santísima de Dios, que tomó parte en los misterios de Cristo, es justamente honrada por la Iglesia con un culto especial”.

Enseña también que el culto a la Virgen, a pesar de su singularidad, es esencialmente diverso del que se tributa al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, a la vez que lo favorece eficazmente. Anima también a los fieles a que fomenten con generosidad el culto a la Santísima Virgen, sobre todo el litúrgico, a la vez que insiste a los fieles en que “sientan gran aprecio por las prácticas y ejercicios de piedad mariana recomendados”.

Pablo VI dedicó la Exhortación apostólica Marialis cultus, del 2 de febrero de 1974, a hablar del culto a María. En la introducción recuerda que el desarrollo de la devoción a la Virgen “es un elemento cualificador de la genuina piedad de la Iglesia” a la vez que se inserta “en el cauce del único culto que «justa y merecidamente» se llama «cristiano»” pues “en Cristo tiene su origen y eficacia, en Cristo halla plena expresión y por medio de Cristo conduce en el Espíritu al Padre”.

El Catecismo de la Iglesia Católica, ofrece una apretada síntesis sobre el culto a la Virgen en su número 971. Sobre la base del Concilio Vaticano II y de la Exhortación apostólica Marialis cultus, recuerda que la piedad mariana es un elemento intrínseco del culto cristiano; que el especial culto con que se la venera es esencialmente diferente del culto de adoración reservado a las Persona divinas.

La devoción a la Santísima Virgen que, como hemos visto, tiene tan hondas raíces en la vida de la Iglesia, está y ha estado lógicamente presente a lo largo de los siglos en la vida de sus hijos y de tantas instituciones eclesiales. Por eso es natural que esté también presente en la Obra y en la vida de su Fundador. Afirmaba San Josemaría que el Opus Dei nació y se ha desarrollado bajo el manto de Santa María.

Esta intercesión materna de la Virgen se evidencia, por un lado, en su asistencia en todo lo que se refiere al camino jurídico de la Obra. Los sucesivos pasos jurídicos, que culminarán el 28 de noviembre de 1982 con la erección del Opus Dei como Prelatura personal, siguieron dándose de la mano de Nuestra Señora.

A Santa María recurrió también innumerables veces para superar las dificultades que iban surgiendo mientras se recorría ese camino jurídico, y a Ella se encomendó en numerosas romerías que hizo por diversos Santuarios marianos de Europa y de América.

Desde hace siglos atrás, el sábado es un día especial para hacer acto de reparación y se dedica especialmente a la Santísima Virgen María, hay algunas razones para ello, en primer lugar, porque el día que padeció algún santo suele celebrarse su fiesta, y la Virgen, padeció martirio el Viernes y el Sábado Santo. El viernes fue dedicado al martirio del Hijo, y el sábado siguiente se dedicó al martirio de la Madre.

Otra razón es que Dios bendijo el sábado; así la bienaventurada Virgen María fue bendita por las tres Personas: el Padre la bendijo escogiéndola por Hija, el Hijo la bendijo escogiéndola por madre y el Espíritu Santo la bendijo escogiéndola por esposa.

El Sábado es medio entre el día del gozo, que es el Domingo, y el día penoso, que es el Viernes; así la Virgen es medianera entre Dios y los hombres.

Los sábados, son días especiales para orar a la santísima Virgen y hacer reparación al Inmaculado Corazón de María para reparar las blasfemias y ultrajes en contra de ella por parte de los pecadores.

La Virgen Santísima  vendrá a la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación si se cumplen seis condiciones específicamente mencionadas por Nuestra Señora para tal fin.

  • La primera condición es que sea en los primeros sábados de cinco meses consecutivos.
  • La segunda condición es que vayamos a la Confesión. No se nos pide que la Confesión sea hecha en los Primeros Sábados mismos. Como dijo Nuestro Señor a Lucía, puede ser hecha ocho días antes u ocho días después, o aún más lejos – si es imposible confesarse antes. Lo más importante, es que vayamos a la Comunión en Estado de Gracia, por supuesto.
  • La tercera condición, por supuesto, es la Comunión de Reparación en los Primeros Sábados. Aquí Lucía hizo esta pregunta, “¿qué hacen aquellos que no pueden ir en Sábado porque no hay Misa o no hay sacerdote para darles la Comunión en el Primer Sábado?”

Nuestro Señor le dijo que si alguien no puede hacer la Comunión de Reparación en los Primeros Sábados, si ellos piden y reciben permiso de su confesor, eso sería suficiente para permitirles hacerla en su lugar el domingo inmediato al Primer Sábado.

  • La cuarta condiciones rezar Cinco decenas del Rosario. Todas las veces que Nuestra Señora vino a Fátima, pidió, por supuesto, el Rosario. Sería extraño que Ella no pidiera eso, porque es Su oración favorita.
  • La quinta condición de los Primeros Sábados es la meditación de 15 minutos sobre los quince misterios del Rosario. Además de rezar el Rosario – y deberíamos tratar de meditar mientras estamos rezando las cinco decenas del Rosario – Ella quiere que pasemos quince minutos más meditando en los quince misterios del Rosario. Eso es, que podamos meditar sobre todos los quince misterios en cada Primer Sábado, o que podamos meditar sobre uno o dos, o solo uno, pero es importante completar todos los quince misterios antes de terminar los Cinco Primeros Sábados.
  • La sexta condición es hacer todas estas cosas: Confesión, Comunión, rezo de cinco decenas del Rosario, y quince minutos de meditación sobre los quince misterios del Rosario, con la intención de hacer reparación al Inmaculado Corazón. Ese es el propósito por el que deberíamos ofrecer estas devociones en los Primeros Sábados, para ganar la promesa de Nuestra Señora.

Viva en 1560 a.m. Santa María de la Paz, esta devoción a la Santísima Virgen María y pidamos todos juntos por la paz del mundo y cumplamos sus mandatos para vivir el Reino de Dios con Nuestro Señor.

Todos los sábados a partir de las 10:00 a.m.  Sábados de Santa María, inicia con la visita al Santísimo Sacramento, presente y expuesto en el Sagrario custodia del Oratorio de la Corporación Santa María de la Paz, el rezo de la novena a Santa María de la Paz, Santo Rosario y culmina con la celebración de la Santa Misa a las 11: 00 a.m.