La gran escuela del amor cristiano es la Misa. Ella abre sus puertas todos los días, y las abrirá hasta el fin del mundo, hasta que Él venga (1 Cor 11,26). Para todo el que quiera aprender a amar como Cristo, ella es maestra y solícita, que no sólo enseña con las palabras, sino, lo que es mucho más, con el mismo hecho.

En la Misa, la gran palestra del amor cristiano, nos habituamos a permanecer en el amor de Dios, abrevando en las fuentes del Espíritu Santo.

En la Misa, Cristo mismo nos va formando en la escuela de su amor. En la mesa del altar va amasando nuestro corazón con el suyo hecho blanca harina de trigo y nos enseña con delicadeza de Maestro, con cariño de Padre, con nobleza de Rey, con fuerza de León, con mansedumbre de Cordero, con seguridad de Camino, con exceso de Salvador, con compartir de Compañero, con cercanía de Hermano, con majestad de Señor, con confidencia de Amigo.

En la Misa se nos recuerda la gloria y honor de Dios, Uno y Trino, como fin último y absoluto de toda la creación y de nuestra vida. La unión a Cristo como camino para dar gloria a Dios y santificar nuestra vida.

El amor de Dios no sólo se manifiesta por el hecho de que el Verbo se hizo carne (Jn 1,14), no sólo se manifiesta por su Pasión y Muerte en Cruz: Padre, perdónalos (Lc 23,34), sino que, además, ha dejado un monumento vivo, perpetuo, eficaz, máximo de su amor: ¡La Eucaristía!, porque habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn 13,1), los amó hasta no poder más, los amó hasta el extremo, los amó hasta quedarse bajo el pan y bajo el vino. ¡Nos amó hasta la Eucaristía!

San Juan Pablo II decía bellamente: «La Eucaristía es verdaderamente un resquicio del cielo que se abre sobre la tierra… Es un rayo de gloria de la Jerusalén celestial, que penetra en las nubes de nuestra historia y proyecta luz sobre nuestro camino».

Todos los días a las 11:00 a.m. Los invitamos a la celebración de La Santa Misa en el Oratorio de la Corporación Santa María de la Paz.